Tatiana Aguilera Franceschi
SUMARIO
Se trata de recordar a la dramaturga que hizo teatro de la palabra, y ello da actualidad a su obra. Siempre refirió que la idea que mejor define al teatro es la de García Lorca: el barómetro que marca la grandeza o el descenso de un país. Valga esta nota de la autora Tatiana Aguilera para que tengamos presente a la mujer y a la profesional que fue Alicia Álamo Bartolomé.
Su vida evidencia un instinto natural por crear. Primero, viviendas cuando trabajaba en el Ministerio de Obras Públicas, en la Fundación para la Vivienda Popular y en los inicios del Plan Nacional de Electrificación de Guayana. También en la Dirección de Cultura de la Gobernación del Distrito Federal, a finales de la década de 1970 y principios de la década de los 80, creó la Sinfónica Municipal de Caracas cuyo concierto inaugural se realizó el 24 de febrero de 1980.
Alicia Álamo Bartolomé también apoyó a las orquestas juveniles, respaldó diversos grupos de teatro, dio vida al Museo del Teclado, creó el Instituto Superior de Danza, la Dirección de Artes Plásticas, la fundación Ópera de Caracas y una serie de programas culturales en los barrios de la capital.

Esta valiosa mujer es reconocida como pionera en impulsar instancias de promoción cultural en la Universidad Metropolitana y en la Universidad Simón Bolivar. Su nombre está presente en la creación de la Universidad Monteávila.
Cuando Alicia Álamo creía que iba a gozar de un merecido descanso realizando las actividades que más disfrutaba, se vio de pronto involucrada en el proyecto de creación de esta universidad. Con orgullo reconoce que forma parte de su grupo fundador.
Si algo cualifica la multifacética biografía de Álamo es precisamente su unidad de vida, entendida como una forma de actuar, tanto en la esfera pública como en la privada, de manera consecuente con aquellas ideas que postula y en las que cree. Esta fuerza que cohesiona su vida, se evidencia en una decisión que la señala a los diez años.
Camino al exilio en Costa Rica, el barco hace escala en el canal de Panamá. Cuando se dirige al tocador observa con sorpresa las indicaciones: silver – gold que señalan el servicio al que deben dirigirse negros y blancos. Inmediatamente opta por dirigirse a silver. Para Alicia no hay personas de segunda categoría; ni por su color, ni por su modo de pensar, tampoco por su condición económica.
Pero no es posible que todas estas facetas profesionales se presenten con igual profundidad. Hay algunas que destacan más y una de ellas es, sin duda, la habilidad de su pluma. El escritor Rafael Arráiz Lucca considera que no son muchas las personas que han mantenido una columna durante décadas. Entre ellas destaca Arturo Uslar Pietri quien mantuvo Pizarrón durante aproximadamente cincuenta años; también Alicia Álamo forma parte de esa tradición.
Murió Alicia Álamo Bartolomé en Caracas el 26 de julio de 2025. Arquitecta, periodista, articulista, profesora, actriz, dramaturga –en general, escritora– y también artífice en gestión cultural, no menos importante. Una humanista cabal. Como actriz la disfrutamos en televisión, al lado de grandes actores del humor, tal cual Jorge Félix. Sin mayor ánimo de protagonizar nada, fue protagonista de la posición cultural y social de la mujer venezolana. Se jactaba de haber presenciado en su Caracas a Carlos Gardel, nada menos. ¿Sería una marca? Además, creedora en la democracia y combatidora feroz de ideas comunistas o de izquierda. Opositora de este régimen sin ínfulas de heroína ni de ninguna otra especie, ya que padeció desde pequeña el exilio de su padre, el combate férreo contra las dictaduras. Aunque vivió en el teatro el terremoto de aquella Caracas, ahora antigua, no necesitaba batirse al piso temblorosa para figurar; figuraba sola, con sus acciones consuetudinarias. (William Anseume).
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