León Hernández
Sumario
El tema de la desinformación, como se suele decir, se ha hecho “moneda corriente” en nuestros días. El clima de desinformación, dentro del contexto venezolano, ha tomado cuerpo en el ecosistema comunicacional del país. El surgimiento acelerado de las redes sociales y plataformas como YouTube y TikTok y ahora con la aparición de la IA, han contribuido a crear un ambiente informativo en donde el perceptor-ciudadano no sabe qué es verdad y qué no es verdad. El presente ensayo explora cómo se vivió la desinformación de guerra en Venezuela, entre diciembre de 2025 y enero de 2026.
Introducción
Desde hace más de dos décadas, las campañas de desinformación tomaron el ecosistema comunicacional venezolano con diversas manifestaciones en el escenario discursivo y restricciones a la libertad de expresión, como varias de las medidas para manipular el sistema de creencias de los ciudadanos, dentro y fuera de la nación. Hubo polarización.
Pero desde agosto de 2025, podría decirse que al clima de desinformación se le sumó el contenido bélico y con este, el uso de la inteligencia artificial, o, incluso, la mención a esta como estrategia de “negación”.
Podría hablarse de desinformación de guerra, pre y para la confrontación armada. Esto, porque a la polarización de los medios ocurrida en el inicio del proceso político liderado por Hugo Chávez, que había sido seguida por la hegemonía comunicacional alcanzada por la cúpula política que lo acompañó y sucedió luego de su deceso, le devino un tema que escaló a intereses contrapuestos entre Estados Unidos y Venezuela, hasta la idea del armamentismo y la construcción de un ganador dominador y un perdedor a quien anular, atrapar o eliminar.
A partir de 2025, el fenómeno de silenciamiento opositor por medio de la censura y manipulación presente en la narrativa oficialista, se le contravino un proceso de desinformación por parte de una contraparte que impactaría directamente el destino del país desde el exterior, entrando en el repertorio de fuentes necesarias para la construcción de las decisiones colectivas: un ciudadano confrontado por dos gobiernos que le determinaban, le marcaban rumbo, temores y necesidades informativas. El venezolano comenzó a transitar en medio de tres polos de interés, no necesariamente alineados entre sí: Miraflores, Casa Blanca y oposición venezolana.
El ciudadano promedio comenzaba a sentirse en medio de nuevas voluntades contrapuestas, típico de quien está sujeto a las decisiones de frentes en conflicto, apartado de su propio poder de influencia.
La desinformación de usuarios desconocidos y voceros de la administración de Donald Trump que antecedió la operación “Resolución Absoluta”, se hizo presente en una acción híbrida: por un lado, el acercamiento del portaaviones de la Marina Estadounidense tomando aguas cercanas a las costas venezolanas a partir de septiembre de 2025; por otro, la propagación de discursos desde el más alto nivel sobre un “ya lo verán” –dicho así por Donald Trump– que no tomaba forma, y que se producía a la par de que, en las sombras, usuarios desconocidos procedían a la circulación de rumores, videos con usos de IA, sobre un repertorio de temas asociados, que no terminaban de ocurrir. El panorama era variopinto, con crecimiento de la incertidumbre.
El primer ataque a una embarcación se produce a inicios de septiembre. El ministro de Comunicaciones del gobierno de Nicolás Maduro, Freddy Ñáñez, denunció en su canal de Telegram que el video difundido por Trump estaba supuestamente confeccionado con inteligencia artificial. [Continúa leyendo…]



