Elías Pino Iturrieta
Dedicado a César Miguel Rondón
SUMARIO
El historiador Elías Pino Iturrieta nos invita a recuperar el valor de la palabra como vehículo de cultura, convivencia y pensamiento….
El insulto no ha sido una de las características dominantes de la comunicación política en Venezuela. Solo se ha entronizado en nuestros días, debido al acceso que tienen a los medios las gentes comunes, es decir, las personas que no se han formado para establecer contactos cívicos con el prójimo debido a las debilidades de su educación y a rasgos de carácter que impiden la mesura cuando deben tratar con gentes de parecer diverso. No es un tema de fácil tratamiento, debido a que puede conducir a opiniones a través de las cuales se suponga la existencia de ataques a la libertad de expresión, pero su proliferación invita a un examen que puede ser provechoso, aunque también peligroso. Vamos a intentar ahora un acercamiento al crucial asunto, sin subestimar las espinas que se toparán en el camino.
Una primera observación, antes de tocar tierra: la comunicación, como parte esencial del bien común, depende de reglas relacionadas con la vida en sociedad que deben considerarse con atención, debido a que pueden poner en riesgo la cohesión de la comunidad y los hábitos de quienes la forman. La relación con los miembros de la colectividad, cuando se introduce en la privacidad o en tratos individuales para referirlos a asuntos públicos y notorios, está sujeta a los frenos aconsejados por la conservación de valores colectivos e individuales a través de cuyo respeto se ha formado un entendimiento compartido de la vida. Como no se trata de un asunto trivial, en la medida en que puede mover honduras relacionadas con el prestigio y con la intimidad de los individuos, está sujeta a frenos legales y a miramientos provenientes del pasado. No puede ser superficial el tema, por consiguiente, hasta el punto de llenar las páginas de los códigos y alimentar testimonios de pleitos en los tribunales, perfectamente justificados.
La referencia a situaciones relacionadas con el insulto o con las intenciones de provocarlo a través de los medios es relativamente reciente en Venezuela, debido a que no es una presencia en las publicaciones del siglo XIX, las primeras que se intentan entre nosotros. Las personas que se comunican en letra de imprenta a partir de la primera década del siglo, es decir, cuando nos estrenamos como comunicadores y como lectores, no solo están provistas de una esmerada educación, sino que también destacan por su familiaridad con los grades autores de la Ilustración europea, española y estadounidense. Trabajan por la causa de la independencia política, o por impedir su establecimiento, sin permitir distracciones o minucias en las cuales se deba adjetivar con violencia al adversario hasta llegar al sumidero de los ataques personales. Las plumas están al servicio de causas que consideran supremas e imprescindibles, es decir, de metas que la utilización del insulto podía poner en riesgo. En autores como Juan Germán Roscio, Francisco Javier Ustáriz y Miguel José Sanz, del bando republicano; o como José Domingo Díaz, campeón del partido realista, se pierde el tiempo buscando agravios y vituperios personales contra el rival. [Continúa leyendo…]



