José Luis Da Silva
SUMARIO
El presente texto corresponde a la reflexión de mi autoría presentada en el encuentro con el rector y el vicerrector académico de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) celebrado el 23 de junio de 2026, en el salón Simón Planas (segundo piso del edificio Loyola) de la UCAB, titulado ‘Ética, Inteligencia Artificial y la Encíclica del Papa León XIV: Magnífica humanitas ‘, espacio en el cual el rector expuso el alcance de dicho documento pontificio. Para la elaboración de esta memoria, utilicé el sistema de transcripción de Microsoft Word y depuré la versión literal con el apoyo de Gemini AI para limpiar los tropiezos propios de la espontaneidad oral (anacolutos, falsos comienzos y repeticiones innecesarias) y subsanar los errores conceptuales de la conversión automática.
El ser humano como sujeto tecnológico, una mirada desde la antropotécnica
Volviendo a los ejes de la encíclica del papa León XIV, la toma de conciencia sobre el cambio de época admite múltiples lecturas. No obstante, una dimensión que reclama poderosamente nuestra atención, a la luz del tipo de tecnología que poseemos hoy en día, es constatar que el ser humano se ha construido a sí mismo desde y a través de la tecnología, marcando una distancia evolutiva y ontológica radical respecto a otras especies animales. Este planteamiento no es nuevo; sin embargo, hoy adquiere especial relevancia ante la preocupación por una posible sustitución de labores humanas por artefactos tecnológicos capaces de superarlas ampliamente.
Lo que ocurre en nuestro presente es que estamos observando este fenómeno bajo un esquema extremadamente acelerado. Frente a ello, surge la natural alarma: “Bueno, pero es que estamos creando una entidad que manifiesta reacciones muy parecidas a las nuestras”. Ciertamente son parecidas, pero en ninguna circunstancia son las mismas. Este escenario nos convoca a interiorizar una verdad tantas veces dicha, pero que hoy se vuelve un imperativo de conciencia: el ser humano, a diferencia de otros seres vivientes, es constitutivamente un sujeto tecnológico. Esta condición es, precisamente, la que le ha permitido sobrevivir a catástrofes de toda índole a lo largo de su historia. Nos hallamos ante una lectura antropotécnica pertinente y enriquecedora.
La universidad ante la “casa común”: el cultivo, el cuidado y la pedagogía de la demora
Mi intervención en este espacio no pretende ser tan extensa como la disertación precedente del rector, quien con enorme generosidad y lucidez ha abordado los aspectos doctrinales de la encíclica. Mi propósito aquí es, fundamentalmente, abrir un canal de diálogo horizontal con ustedes, el cuerpo docente, y de igual modo con nuestros estudiantes. Para guiar esta reflexión, me gustaría rescatar un conjunto de registros del documento pontificio que estimo de un valor extraordinario.
El primer registro de gran calado es la afirmación del papa cuando advierte: “Es imposible salvarse en solitario ante la pantalla”. No existe una rendija por la cual el individuo pueda hallar un resguardo o salvación aislándose en el plano digital. Esto significa que el tiempo presente, la realidad que habitamos, nos exige reconocer que nos necesitamos mutuamente. No se trata de sobrevivir bajo la lógica del sálvese quien pueda, sino de comprender que nuestra necesidad mutua expresa nuestra propia condición humana. Ese “todos” es profundamente interesante porque no es uniformador; incluye explícitamente a quienes piensan diferente y a quienes conciben los usos tecnológicos desde ópticas divergentes. [Continúa leyendo…].






