Jesús María Aguirre
SUMARIO
La presente nota trata sobre el fallecimiento (el 14 de marzo de este año) del más influyente pensador de los tiempos presentes. Con la ida de J. Habermas (1929-2026) se nos fue también el último representante de la Escuela de Frankfurt. Su filosofía ha sido un soporte fundamenal para entender las “acciones comunicativas” y la configuración del llamado “espacio público”.
Rara vez la muerte de un intelectual, en el sentido más duro y estricto de la palabra, ha tenido un eco tan universal en la esfera de los medios y redes internacionales. Tal vez sea porque abordó con una hondura inusitada, filosófica y sociológica, el entramado de los medios modernos de comunicación, las raíces de las industrias culturales y su intervención en la configuración de las democracias occidentales.
Por mi parte, solamente quiero rendir un reconocimiento público a un pensador que me he encontrado en mis reflexiones y exploraciones a lo largo de los estudios de filosofía, comunicación social, teología y ciencias sociales.
En los siguientes extractos, tomados de sus deliberaciones, publicadas en múltiples medios, y sustentadas en las investigaciones formales, he recogido las claves de lectura que me han inspirado para comprender mejor nuestro tiempo y sus dilemas, en el campo de las comunicaciones, la cultura, la filosofía y la religión.
COMUNICACIONES EN LA ESFERA PÚBLICA
La acción comunicativa debe entenderse como un término integral de los tres casos límite y se relaciona con los tres mundos (mundo objetivo, social, subjetivo). Además de la pretensión universal del significado de comprensibilidad, en ella se actualizan tres categorías de afirmaciones de validez: la verdad (proposicional), la corrección (normativa) y la veracidad (subjetiva). En el acto de habla concreto, una afirmación de validez está en primer plano y se refiere principalmente a un mundo, pero en principio las tres afirmaciones de validez y las referencias mundiales siempre están tematizadas al mismo tiempo.
Habermas caracteriza las acciones sociales como mediadas lingüísticamente. La coordinación de la acción en la acción estratégica es proporcionada por la orientación al éxito. Los actos de habla sirven aquí como un mero medio para lograr el propósito o la meta de influir en otros. En contraste con esto, la acción comunicativa se coordina generando un acuerdo sobre la base de afirmaciones de validez criticables. Solo si se aceptan, las personas que actúan pueden lograr sus objetivos.
Él define a los posmodernistas como “jóvenes conservadores” y dice que estos recuperan la experiencia básica de la modernidad estética; reclaman como suyas las confesiones de algo que es subjetivo, liberado de las obligaciones del trabajo y la utilidad y con esta experiencia dan un paso fuera del mundo moderno.
[Continúa leyendo…].





