José Baig
Sumario
Este artículo, como lo expresa el autor, no es un manual ni un tratado académico. Es una conversación, contada en primera persona, sobre lo que significa dedicarse a la comunicación durante suficiente tiempo como para tener algo que decir al respecto. Sobre lo que permanece cuando cambian las herramientas, las plataformas y los algoritmos. Sobre por qué la narrativa no es un accesorio del trabajo de comunicación, sino su columna vertebral.
Hay un momento, en la carrera de casi cualquier profesional, en que alguien te pregunta a qué te dedicas y te das cuenta de que no tienes una respuesta clara. No porque no sepas lo que haces, sino porque lo que haces no cabe fácilmente en una sola frase.
A mí me pasó durante años.
Podía decir «periodista», pero llevaba tiempo sin trabajar en un medio. Podía decir “consultor”, pero esa palabra, sola, no le dice nada a nadie. Podía recitar una lista de cosas –comunicación estratégica, narrativa, relaciones con medios, entrenamiento de voceros, gestión de crisis– y ver cómo los ojos de mi interlocutor se iban apagando lentamente, con esa mezcla de cortesía y aburrimiento que produce quien escucha algo que no entiende y no quiere admitirlo.
Lo que sí podía hacer –y es lo que hago en estas páginas– era contar historias. La del adolescente que organizaba retiros espirituales en Barquisimeto sin saber que estaba haciendo comunicación estratégica. La del corresponsal que aprendió a «vender» noticias a editores en Londres para poder pagar el alquiler. La del relacionista público accidental que descubrió, en las elegantes oficinas de una firma de relaciones públicas en Caracas, que la identidad de marca puede depender de unas medias de payaso. La del consultor que empezó a entender, después de varios tropiezos propios y ajenos, que su trabajo no era ejecutar lo que le pedían, sino a veces decirle al cliente lo que no quería escuchar.
Este texto es eso: una serie de parábolas. No en el sentido religioso, aunque comienza con jesuitas, así que algo de ese aroma queda; sino en el sentido narrativo. Cada historia lleva a un aprendizaje. Cada aprendizaje ha tenido consecuencias en la forma en que ejerzo mi oficio hoy.
Soy venezolano, vivo en Irlanda y llevo más de tres décadas trabajando en comunicación: primero como periodista de radio, luego como corresponsal de la BBC en cinco países, después como consultor independiente para organizaciones multilaterales, empresas y personas que necesitan articular mejor lo que son, lo que hacen o lo que quieren decir. He escrito un libro (de cocina, no de comunicación), he entrenado a docenas de voceros, he organizado eventos que salieron bien y algunos que salieron más o menos. He cometido errores que no repetiría y aprendido cosas que no cambiaría.
Lo que no he hecho, hasta ahora, es escribir de forma ordenada sobre todo eso. Y sobre unas medias que casi arruinan la inauguración de un McDonald’s en Maracaibo. [Continúa leyendo…].








