José Luis Da Silva
Sumario
El presente ensayo nos ofrece una reflexión sobre la llamada conexión digital. El texto no se centra en los desarrollos tecnológicos que surgen en el entorno digital, sino que nos ofrece una perspectiva que tiene que ver con la sociabilidad que se ha ido perdiendo entre los humanos. La conclusión a la que llega el autor es que “… las redes sociales simulan la comunidad. La mensajería simula la conversación. La IA simula la escucha”. Este es nuestro tiempo.
Nuestro tiempo, lo cual no representa una novedad histórica, tiene un sinfín de desafíos. En la llamada era de la comunicación global la conectividad se desarrolla con amplitud cada vez mayor y ocupando todos los espacios, sin importar las distancias, diferencias culturales o idiomáticas. Este trabajo parte de una imagen, la de millones de personas hiperconectadas y, al mismo tiempo, mudas. Mudas no en el sentido de carecer de voz, sino en el sentido más humano, incapaces de decir algo que tenga valor, de escuchar algo que transforme, de habitar el silencio fértil del que nace la palabra vivencialmente auténtica, necesaria para construir aquello que llamamos humanidad. La conexión digital, gracias a los desarrollos tecnológicos, muestra un mundo repleto de personas que no miran más allá de las imágenes y mensajes que emanan de la pantalla de sus móviles. Tómese cualquier clase al azar, los estudiantes no escuchan, miran sus teléfonos, pasando de un mensaje a otro, el docente es un mensaje más entre los tantos que recibe el estudiante. Surgen menos dudas o debates en el salón, menos preguntas que responder, menos libros que consultar. Resulta imperativo jugar en vez de enseñar para atraer la mirada de los estudiantes. Se difumina las fronteras entre lo real y lo virtual.
En este sentido, considero que la hiperconexión no amplía la comunicación, la aparenta. Multiplica los canales y al mismo tiempo vacía los mensajes de contenidos relevantes. Acelera los intercambios mientras empobrece la capacidad de escucha y de reflexión. Y en ese proceso, produce una forma inédita de mudez. No me refiero al silencio del que no tiene palabras para explicar el mundo que le rodea, sino el silencio del que tiene demasiadas palabras, frases inconexas y no es capaz de articular ninguna que sea suya.
Byung-Chul Han desarrolla una tesis que apunta al centro del problema en la sociedad contemporánea. El filósofo surcoreano-alemán diagnostica una sociedad que ha sustituido la negatividad productiva por una positividad altamente demandante. El roce con el otro es sustituido por la pantalla del teléfono inteligente, la lectura atenta es desplazada por el consumo de información sin criterios de valoración. El conflicto con el otro se reemplaza por el deseo de evitar cualquier incomodidad, favorecido por una presencia virtual que refuerza sesgos de confirmación y gratificación. [Continúa leyendo…].








