León Hernández
Es necesario entender cómo opera la incertidumbre informativa y la manera en que corren los rumores durante las catástrofes, cuando fallan las telecomunicaciones. El boca a boca, con distorsiones, va elevando el tono del pánico colectivo.
Un doblete sísmico tomó por sorpresa al ciudadano en medio de las fiestas de San Juan, un 24 de junio, durante un feriado en el que, además, venezolanos habituados a no ver su selección en el Mundial veían, como latinoamericanos fanáticos, el partido entre Brasil y Escocia. Apenas comenzaba el juego, de pronto todo fue estruendo, con la desconexión abrupta de los dispositivos de quienes se hallaban dentro de casa: laptops, celulares, plasmas, radios. Quedó la recepción parcial de quienes pudieron observar el desplome a metros.
“De pronto todo se oscureció”, es un testimonio común entre quienes sobrevivieron y fueron rescatados de los escombros. También se nubló el entendimiento y la comprensión, así como las comunicaciones interpersonales, en espera de certidumbre sobre qué había pasado.
El terremoto ocurre a las 6:04 p. m. Al inicio, no había ni consciencia de que se trató de un doblete, y comienzan a circular en redes los primeros videos de una tragedia que solo algunos, muchos desde afuera del país, con Internet plena, podían comenzar a procesar en sus dispositivos y redes. Hacia las 6:20 p. m. corren videos de Los Palos Grandes que ruedan entre vecinos de Caracas. Amigos desde el exterior, con escepticismo, consultaban si el temblor en efecto había derrumbado edificios en Caracas. También circulan desplomes en San Bernardino y El Paraíso.
A las 6:40 p. m., la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) emite un primer comunicado para informar detalles sobre el sismo. Muchos en la zona cero no acceden a esta información por problemas en las telecomunicaciones, derivados de la catástrofe, y comienzan a tratar de dar explicación a lo ocurrido, en medio de escombros, incendios de algunas áreas, llanto, fallecimientos y gritos de testigos que desesperados vieron caer sus casas con familiares con destino incierto a esa hora. La máquina de desesperanza activa el miedo, el pánico, y esto, directamente, los rumores que intentan apaciguar silencios y falta de comprensión a la magnitud de lo que se vive. Cada minuto cuenta para formarse una versión de lo que ocurre.
En las comunicaciones, al inicio del shock, no hubo respuesta a lo que se veía. Algunos, en otras latitudes más remotas del país, decidieron continuar sus rutinas, apartados de la información. Desde la diáspora hubo quienes parecían estar en conocimiento parcial de la situación y transmitían las primeras versiones ciudadanas de lo ocurrido.
En las redes, replican este supuesto tsunami, sin medir las implicaciones. La versión fue llevada, boca a boca, por áreas afectadas en Caraballeda, Catia La Mar, Tanaguarenas y otras, causando el retiro de los voluntarios de primera hora, muchos de estos desprovistos de las rutas de información habituales. [Continúa leyendo…].








