Boris Muñoz
SUMARIO
El ensayo en cuestión nos ofrece un análisis del discurso político de Donad Trump desde dos perspectivas: una, la sociolingúistica y la otra la histórico-política. La primera dimensión-perspectiva se lleva a cabo desde la deconstrucción del discurso y la segunda se perfila primero desde el uso de las redes sociales, luego de la propagación del fenómeno de la posverdad, y la otra desde la fragmentación de la esfera pública. La conclusión del autor no puede ser más dura, pesimista y realista del presente: “Todo ocurre en medio de cambios tectónicos en la sociedad, la economía, la tecnología y la comunicación, que han debilitado los sistemas democráticos a favor de liderazgos autoritarios e hiperpersonalistas”.
En 2017, el escritor inglés Martin Amis siguió de cerca a Donald Trump en los medios y asistió a uno de sus mítines, en Youngstown, Ohio. Concluyó que Trump era un enorme error histórico. Los estadounidenses se habían equivocado al elegirlo porque no estaban del todo convencidos de que fuera real. Trump era, después de todo, tan real como los reality shows pueden ser “reales”. Diez años después, queda claro que elegirlo no era solo un error o una extravagancia del electorado, sino algo muy real. Amis, sin embargo, dejó planteada una pregunta que sigue vigente una década más tarde:
Donald Trump es ‘la nada’. No hay nada ahí. Ni vergüenza, ni honor, ni conciencia, ni conocimiento, ni curiosidad, ni decoro, ni imaginación, ni ingenio, ni aplomo, ni sentido común. En este recipiente impecablemente vacío, ciertos estadounidenses logran verter su rabia, su resentimiento, sus ambiciones y sus esperanzas. ¿Cómo lo logra?
El aprendiz
Ya se sabe que la nación más poderosa del mundo tiene un presidente que ha roto todos los moldes. Esto no es nuevo. Trump comenzó su carrera presidencial barriendo a sus contrincantes republicanos como si fueran figurines de papel. No presentó una estrategia sofisticada ni libró una batalla de ideas. Al contrario, bajó el estándar al mínimo simplificando y personalizando su mensaje al máximo. Luego llevó a sus rivales a su terreno, descalificándolos e insultándolos, y convirtió la contienda por la candidatura republicana en un espectáculo de lucha en el barro. Ellos eran políticos profesionales; Trump era un veterano promotor de bienes raíces y estrella de televisión, curtido en el conocimiento de la audiencia tras diez temporadas como protagonista de El Aprendiz. Los barrió con facilidad. Eso ocurrió hace una década. El resto es historia.
El espectáculo, sin embargo, es solo el elemento más visible del estilo político de Trump. Para analizarlo conviene aproximarse desde dos dimensiones: una sociolingüística, captable a partir de la deconstrucción de su discurso, y otra histórico-política, resultado de los distintos modos y estilos que Trump amalgama. Esta segunda dimensión está inscrita en una nueva dinámica histórica marcada por tres fenómenos coincidentes: el auge de las redes sociales, la propagación cancerosa de la posverdad y la fragmentación de la esfera pública; el retroceso democrático generado por la desinstitucionalización y el descrédito del establecimiento político; y la expansión del nacionalismo étnico y racial, el tribalismo y el particularismo identitario en el contexto de las guerras culturales entre derecha e izquierda. [Continúa leyendo…]








